
Corresponde el pirmer fotograma a Trash y el segundo a Yo también (A. Pastor, 2009) la película española que más me ha gustado de las últimas que he visto: After (A. Rodríguez, 2009) una historia que, como los personajes, a veces pierde el rumbo narrativo a pesar de estar construida en episodios más o menos independientes engarzados con un tratamiento circular del tempo interno narrativo; Trash (C. Torras, 2009), un drama de historias cruzadas en la que unos personajes viven en el límite de su realidad y esa otra vida que deciden asumir rompiendo esquemas -aconsejable-; Castillos de cartón (S. García, 2009), un flojo film basado en una novela de, junto con Delibes, nuestra novelista más adaptada, Almudena Grandes; Ágora (Amenábar, 2009) a años luz de su primer film, Tesis (1996) o a medio años luz de Abre los ojos (1997) Los otros (2000) o Mar adentro (2004) y que ilustra a la perfección lo dicho sobre el cine español y las superproducciones o, lo que es lo mismo, el despilfarro económico no implica la obtención de la obra de arte, porque no hay que perder de vista que el cine es un arte; La huérfana (Collet-Serra, 2009) una película a la que asistes para comprobar como un españolito se mueve en Hollywood, y se mueve con lo justo. De este rápido repaso me quedo con Trash, con el mensaje en contra de la intolerancia y las funestas consecuencias del fanatismo que acaba aniquilando aquello que nos hace auténticamente libres, el conocimiento humanístico y científico, que propone Ágora y, por supuesto Yo también.Es cierto que la película de Pastor a veces realiza fáciles concesiones al mundo de protagonista y que, en cierto modo, mucho tiene que tener de la experiencia vital de su protagonista y su difícil relación con el mundo, especialmente en el terreno sexual más que en el afectivo, como se desprende de la secuencia en que se le prohíbe la entrada en un club de alterne. Pero a pesar de todo ello, la película posee ritmo narrativo y a veces pone descarnadamente el dedo en la llaga y siempre, y eso es lo mejor, se liga todo con la buena interpretación de Pedro álvarez Osorio, y de la excelente composición que Lola Dueñas consigue de su personaje. Es cierto que sin ella la película sería menos creíble y por tanto menos convincente. No es una película que se pueda recomendar sin temor a equivocarse, pero para unos ojos contemplativos y una mente dispuesta a la reflexión, sí es un buen film.
Cerrar con Cien clavos (2008) la última y fallida película de E. Olmi, autor de las soberbias El árbol de los zuecos (1978) y especialmente El empleo (1961) una estupendo retrato en blanco y negro de la sociedad italiana de aquel tiempo.
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