domingo, 8 de noviembre de 2009
EL CINE ESPAÑOL en sus últimos filmes
Viene el título a cuento porque acabo de leer una crítica de Celda 211 en la que su autor parece señalar "una muestra atípica -cada vez menos- del cine español". No he visto Celda 211 todavía y, partiendo de la base del respeto que me merece Daniel Monzón (El corazón del guerrero, 2000, un película con fuerza y que superó con creces esa apuesta por un cine de fantasía que luego tan buenos éxitos ha dado; La caja Kovak, 2007, interesante filme que dosifica con acierto la intriga hasta un serio y contundente final y El robo más grande jamás contado, 2002, en la que aparecen reminiscencias con la mítica Atraco a las tres (José María Forqué, 1962) en tanto en cuanto unos pelagatos forman una banda para atracar el Guernica de Picasso), no puedo compartir esa idea de una parte de la crítica que intenta buscar la excelencia de nuestro cine por comparación al cine que se produce en EE.UU. Deberían comprender que nuestra filmografía se mueve en el terreno de lo íntimo, de nuestras particulares relaciones sociales, de nuestra memoria, nuestros fantasmas... Ese es el camino que nos han enseñado los grandes: el primer Saura y su intimismo simbólico que ponía el dedo en la llaga en una sociedad en que la censura obligaba a regatear los postulados oficiales; Berlanga con su ácida y corrosiva mirada a un mundo de desemparados que eran el trasunto de esa vida de posguerra que buscaba acomodo y Gutiérrez Aragón -de quien habrá que leer su novela, reciente Premio ¿Herralde? y Garci, a pesar de las controversias que despierta, Trueba, el maestro de las comedias urbanas, el transgesor Almodóvar y más recientemente Coixet.- Ese es el camino que tantos éxitos nos ha dado y el espejo en que debe mirarse nuestro cine.
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